Mi música

De mariposas y sirenas

No me malentiendan, la literatura es una parte medular de mi existencia; sin embargo, antes de dedicarme de lleno a ella, mis primeros pasos en el arte fueron en la música. Personalmente considero que nunca destaqué como lo hubiera querido: tal vez por falta de talento, tal vez por falta de empeño, o tal vez por tener escrúpulos y no dejarme llevar por el viciado mundo de la trova underground mexicana… Independientemente de todo, la música me ha dejado enormes satisfacciones pero también un gran vacío al haberla abandonado. Mejor dicho, un duelo.

Hace dos días se cumplieron tres años y muchos kilos de mi participación en el segundo festival de la canción independiente, en San Andrés Cholula, Puebla. Eran otros tiempos, había una guerra, y sin duda eran tiempos más felices. Lo curioso de ese día fue que decidí participar pero, desde el principio, me había resignado a perder. ¿Cómo es que iba yo a pasar a la etapa final y ganarle el puesto a todos los competidores con años de trayectoria contra los cuales concursaba? Caramba, hasta un sobrino de Alejandro Filio (no creo que fuera su hijo), concursó ese día. Yo, con apenas unos meses de trayectoria, quería saber qué se sentía estar arriba de un gran escenario; ese fue el único motivo por el cual quise participar.

Para mi buena suerte, entre los jurados se encontraba Carlos Arellano, aquel trovador poblano que, si no son muy afectos a la trova, tal vez no hayan escuchado. No es necesario decir que es uno de mis ídolos, por llamarlo de alguna forma; eso, y el mar de gente que había en el lugar, causaron que los huevos se me subieran a la garganta, los dedos se me atoraran en las cuerdas y se me cuarteara la voz.

Al final todo salió (más o menos) como tenía que haber salido: me subí al escenario, me puse nervioso, lancé un discurso estúpido (algo que nunca antes había hecho, al menos no ante tanta gente) y comencé a tocar; terminé, hubo aplausos y me bajé del escenario. Para mí, ahí había terminado todo; había cumplido lo que me había propuesto hacer en ese lugar.

Disfruté las canciones de los demás participantes pero ansiaba salir a fumarme un cigarro. Cuando llegó el final del concurso y se anunciarían a los que pasarían a la siguiente etapa yo ya no estaba poniendo atención, por eso fue necesario que mis amigos y mi novia me sacaran de aquel trance cuando me llamaron a subir al escenario.

Ese día es de aquellos que no se vuelven a repetir en toda la vida: toqué para Carlos Arellano, toqué para la mujer que me amaba y para mí… También me tomé una foto con Arellano y le pedí un autógrafo, pero no encuentro ninguno de los dos.

Este video quedó como testimonio de aquel día:


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