Novela negra, Reseña

Casi todos mueren por culpa del halcón maltés

Es imposible (y debería ser inconcebible) hablar de novela policíaca y no mencionar a «El halcón maltés» del autor estadounidense Dashiell Hammett, pues esta novela se convirtió en uno de los estandartes del género desde su publicación en 1930. Es también grato decir que esta novela se llevó al cine en tres ocasiones: en 1931 (The Maltese Falcon, protagonizada por Ricardo Cortez y Bebe Daniels), 1936 (Satan met a lady, protagonizada por Bette Davis y Warren William) y la versión más popular, de 1941, protagonizada por los grandes actores Humphrey Bogart, Mary Astor, Peter Lorre y Gladys George; siendo la primera película catalogada dentro del género del «cine negro» y marcando la pauta para todas las que vendrían después.

Humphrey Bogart y mary Astor siempre hicieron una excelente mancuerna

Nacido en 1894 y después de servir como sargento dentro del cuerpo motorizado de ambulancias del ejército estadounidense durante la primera guerra mundial, Dashiell Hammett usó sus experiencias para convertirse en uno de los primeros escritores de novela de detectives (y posiblemente uno de los cofundadores del género y el más reconocido de ellos) de la primera mitad del siglo XX. Ambientada en la ciudad de San Francisco, California, durante la época de la gran depresión Hammett nos presenta en «El halcón maltés»  el mundo del detective Samuel Spade y la agencia de detectives Spade y Archer, convirtiéndose de inmediato en una novela de detectives que muchos autores dentro del género (y muchos fuera de este) todavía tratan de superar e imitar hasta hoy. Con un éxito arrasador, «El halcón maltés» se considera fue un best seller en su época desde su publicación en la revista pulp estadounidense Black Mask, hasta sus diversas reimpresiones en formato libro, fue el detonante que cambió la forma en que los escritores decidieron seguir contando las historias de detectives; cambiando los grandes palacetes de la alta sociedad y las tramas herederas de la influencia de Sir Arthur Conan Doyle por los barrios bajos de las grandes ciudades, personajes de clases bajas y un inexistente sentido o división del bien y el mal; reflejo de la realidad moral y social de aquella época


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Inspirándose en su propia vida, Hammett creó a Samuel Spade, un detective privado que al igual que él, pero sin pasar tanto tiempo en el hospital, vio la acción en los escenarios bélicos europeos durante los combates de la primera guerra mundial. Durante la introducción de este libro, Spade ha asumido los servicios de un nuevo cliente: la señorita Bridget O’Shaughnessy, quien desea averiguar el paradero de su hermana que escapó junto a un hombre que, según su criterio, no era conveniente para ella. Con la ayuda de su compañero Miles Archer y motivados por la buena paga, ambos deciden tomar el caso. Sin embargo, en la más triste y prematura vuelta de tuerca que cualquier novela pueda tener, Archer es abatido por un matón no identificado en circunstancias de difícil comprensión que involucran a la señorita O’Shaughnessy, dejando a Spade como principal sospechoso de su asesinato, pues era bien sabido por todos (excepto por Archer) que él mantenía un tórrido romance con la esposa de su compañero.

Todo se complica cuando el verdadero asesino de Archer aparece muerto, coincidiendo también con que ese hombre era el supuesto amante de la hermana de la señorita O’Shaughnessy. Esta situación es bien aprovechada por la policía de San Francisco pues, en diferentes ocasiones, Spade recibe la visita del jefe de la policía y el fiscal de distrito, buscando la evidencia y la oportunidad para poder culparlo por cualquier crimen que pudieran comprobarle, con la intención de quitarlo del camino y dejarlo fuera del negocio de detectives. A pesar de todo no está sólo, pues cuenta con la ayuda de su secretaria Effie Perrine.

De izquiera a derecha: Sam Spade, Joel Cairo, Miss O’Shaughnessy y Gutman

Encontramos que Spade tiene contactos en San Francisco desde su trabajo como detective privado y trata de hallar la conexión entre el asesinato de Archer, Tras una investigación en el cuarto de hotel de la señorita O’Shaughnessy y pagando visita a todos aquellos que pudieran brindarle información, descubre que no no existe ninguna hermana de la señorita O’Shaughnessy, y que en realidad ella está involucrada de alguna manera en la desaparición y búsqueda del halcón maltes; una estatuilla con figura de halcón incrustada de piedras preciosas que los caballeros de la Orden de Malta regalaron al emperador Carlos V en 1530, valuada en más de un millón de dólares; esto, en la época de la gran depresión, era una enorme fortuna (posiblemente también lo es ahora tomando en cuenta nuestras condiciones económicas mundiales). La señorita O’Shaughnessy tiene la esperanza de que Spade le ayude a conseguir el Halcón a cualquier costo antes de que los verdaderos asesinos del hombre al que ella estaba buscando la localicen y la encuentren.

Como es de esperar en una novela de detectives de esta época, conforme la trama avanza todas las situaciones van empeorando, y el caso de «El halcón maltés»  no es la excepción. Después de una serie de eventos, Spade conoce a Joel Cairo y a Casper Gutman. El primero dice ser el dueño legítimo del halcón y le ofrece a Spade una generosa suma por entregárselo directamente a él una vez que lo encuentre; mientras que Guttman es el líder de la organización criminal que ha buscado desesperadamente por años al halcón, ofreciéndole también una jugosa recompensa a nuestro detective por otorgarle la estatuilla. Mientras tanto, la señorita O’Shaughnessy pasa de ser una damisela en peligro a ser amante y después ser una femme fatale, regresando al final a ser una damisela en peligro nuevamente.

Llegando al final de la novela todas las intrigas que los personajes desarrollaron se aclaran, y esta es una de las maravillosas características que la novela de detectives, en particular esta, nos puede ofrecer; la incapacidad del lector de definir si las acciones de cada personaje (incluyendo al personaje principal) se pueden considerar como parte del esquema moral del lector. El único personaje que puede ser definido con claridad a través de las páginas de esta novela es Effie Perrine (y su madre, que si bien no hace una gran aparición, es pieza clave para la seguridad de Spade y Effie en determinadas ocasiones), y todos los demás son un misterio para el lector, al menos hasta alcanzar el desenlace de la obra. Todos los personajes esconden sus verdaderas intenciones con gran maestría, provocando que sea imposible para el lector, hasta para el más despierto, adelantarse en la trama y tratar de predecir qué es lo que seguirá.

Ese es precisamente uno de los mayores regalos de este género y lo que lo diferencia de las obras tradicionales de detectives: mientras que en las historias antiguas de detectives los roles de cada personaje están bien definidos, en la novela negra, en particular en las novelas de Hammett, la única forma de averiguar la filiación de un personaje es que estos mismos admitan cuáles son sus deseos.

Si bien, «El halcón maltés» es una novela con un lenguaje sencillo (que no simplón) y claro al momento de describir las acciones, las características físicas de los personajes y la ambientación en general, esconde dentro de sus páginas una de las mejores historias de detectives de todos los tiempos y merece ser leída como la fundadora de un género que se ha mantenido vigente y ha evolucionado, pero siempre midiéndose con la vara que esta novela dejó.


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